Tras la disputa por el trono de Castilla entre la futura reina Isabel I y su sobrina, Juana "La Beltraneja", San Felices de los Gallegos fue entregado en señorío al primer Duque de Alba, que impuso el impuesto "El Noveno", también para los vecinos de localidades próximas. Se entregaba al señor una parte de cada nueve de lo que, actualmente, se consideraría producción del vecindario. En 1852, cuando una sentencia real puso fin al “Noveno", y la alegría de la población se convirtió en Fiesta.
El Noveno, la fiesta que celebra la victoria de un pueblo en Salamanca
Cada mes de mayo, las calles empedradas de San Felices de los Gallegos retroceden más de siglo y medio en el tiempo para revivir una de las tradiciones más singulares de la provincia salmantina: la fiesta de El Noveno. Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, esta celebración conmemora la abolición de un impuesto feudal que durante siglos obligó a los vecinos a entregar la novena parte de sus cosechas a la Casa de Alba.
El origen de la fiesta se remonta a 1852, cuando una sentencia real puso fin al conocido como “Noveno”, un tributo heredado del señorío concedido a los duques de Alba tras las disputas sucesorias de la Corona de Castilla. La resolución judicial fue recibida con entusiasmo por los habitantes de San Felices y de otros pueblos cercanos, que decidieron convertir aquella victoria en una celebración anual.
Desde entonces, cada segundo fin de semana de mayo, el municipio revive aquel episodio histórico con actos que mezclan memoria, tradición y ambiente festivo. Uno de los momentos más esperados es la lectura pública de la sentencia de 1852, acompañada de ceremonias religiosas y festejos populares.
Sin embargo, si hay una imagen que define El Noveno es la de su plaza de toros artesanal. Los vecinos levantan cada año un coso taurino utilizando antiguos carros de madera de labranza, colocados en círculo como se hacía en el siglo XIX. Sobre ellos se instalan tablones y palenques desde los que cientos de personas presencian encierros, capeas y novilladas. Esta estructura, considerada única en España, se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la fiesta.
Además de los festejos taurinos, El Noveno incluye pasacalles, gigantes y cabezudos, verbenas y actividades culturales que llenan de vida esta villa histórica situada en la comarca del Abadengo, junto al Parque Natural de Arribes del Duero.
Más que una fiesta popular, El Noveno representa la memoria colectiva de un pueblo que convirtió una conquista social en tradición. Cada año, vecinos y visitantes se reúnen para recordar cómo la unión y la perseverancia lograron acabar con un impuesto considerado injusto, manteniendo viva una celebración que forma parte del patrimonio cultural de Salamanca.





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